Arquitectura con
mayúsculas

Gregorio B. Mendoza
Fotografías: Cortesía Mario Peniche Arquitectos

Ganadora del Premio Obras Cemex en 2007, esta obra impregnada de simbolismo,
es reflejo fiel del esfuerzo, corazón y de la fe de los feligreses y de un sinfín de personajes que la hicieron posible; así la define su mentor, el arquitecto Mario Peniche.


Página 1 de 1


El gran diseño arquitectónico y el proceso de edificación de la Capilla del Seminario Menor San Felipe de Jesús dieron por resultado el haber obtenido el primer lugar en la reciente entrega del Premio Obra CEMEX en dos categorías: Diseño de Edificación Institucional y Construcción de Edificación Institucional. Este magno trabajo está ubicado en el kilómetro 24 del Anillo Periférico Norte, en Mérida, Yucatán; trabajo en el cual el arquitecto Mario Peniche y su equipo han entregado mucho tiempo. Al respecto, Peniche señala: “es un proyecto en el que hemos venido trabajando un grupo de personas que formamos un patronato para llevar a cabo esta magna obra.
Dentro del grupo, el padre rector del Seminario me planteó la encomienda del desarrollo del proyecto de forma directa. A partir de ello me dediqué a efectuar visitas al Seminario Mayor, para darme una idea más cercana de la vida cotidiana de los seminaristas. Después de algunas visitas y pláticas con los mismos religiosos, el padre rector y algunos sacerdotes del equipo formador del Seminario, elaboramos el primer plan maestro de lo que sería el Seminario Menor”.
Para su construcción se emplearon un par de años en los que se fueron realizando diversas fases del proyecto; con ello se dio paso final a la realización de la capilla. “El proyecto que originalmente contemplamos en el Plan Maestro se modificó, toda vez que se consideró el Seminario Menor como un centro de reunión para diversos grupos apostólicos que se reunían en otros sitios; así se podrían aprovechar las instalaciones durante los fines de semana. Entonces se decidió por un proyecto de mayor capacidad (450 personas) y que pudiera ampliarse en el atrio cuando menos al doble, para una capacidad total dentro y afuera de 900 personas”, comenta el entrevistado.

Trinidad ideal: función,
forma y ejecución

Enfocando ya el trabajo sobre la capilla, se realizó un esquema fundamentado en cuatro ideas rectoras: la de imaginar un templo de una lectura integral que pueda contemplarse en su totalidad; es decir, generar un solo espacio que pudiera albergar las funciones sustantivas de la capilla. La segunda: la de responder a nuestro tiempo con un lenguaje contemporáneo, un templo del siglo XXI que permita sobre todo a los jóvenes de hoy, poder identificarse con él. La tercera: buscar un proyecto que respondiera adecuadamente al contexto natural del sitio y, principalmente, al clima.
Finalmente la última idea se estableció sobre el principio de recrear y disfrutar el espacio exterior, donde los fieles pudieran descubrir y encontrar a Jesús en sus maravillas. Así lo describe para Construcción y Tecnología el autor del proyecto.
La capilla cuenta con refectorio, cocina, salones de clases y habitaciones con servicios sanitarios; fue planteada sobre una gran plataforma, como una reinterpretación de las plataformas prehispánicas, que permite darle una mayor presencia en el sitio. Esta plataforma está rodeada de una escalinata que permite libremente el acceso a los fieles venidos de todas partes.
El primer punto de contacto es el atrio, punto de encuentro de los fieles; éste se conforma definiendo el espacio con cuatro palmas reales que representan a los cuatro evangelistas y una estela donde se encuentra grabado en cuatro idiomas, (español, maya, latín y arameo) el versículo de San Mateo: “Os Haré pescadores de Hombres”. Cabe decir que todo el atrio tiene piso de piedra yucateca como uno de los rasgos que le otorgan una identidad al recinto.
La obra cuenta con tres grandes puertas que crean esa transición entre el exterior y el interior; es el nártex, que nos indica, a través del cambio de escala, que entramos a otro espacio, y las tres puertas que representan la Fe, la Esperanza —y la mayor de ellas— la Caridad. Estas puertas transparentes, permiten ampliar la capacidad de la capilla en ceremonias especiales, permitiendo a los que están afuera que se sientan también al interior. Enseguida se localiza la nave, donde la asamblea de los fieles se reúne a la celebración. A continuación, el presbiterio, donde están los elementos importantes de la celebración: el altar (del sacrificio), el ambón (altar de la Palabra) y la sede, donde se ubica quien preside la ceremonia. El altar y el ambón fueron hechos con piedra de la región.

El altar —donde el sacerdote celebra la consagración— recrea la Última cena. Este espacio se encuentra flanqueado por seis fuertes columnas de cada lado representando a los apóstoles como testigos del sacramento. Finalmente el ábside, remate del templo, se presenta cóncavo para concentrar la visual, revestido de piedra blanca, contiene el Sagrario, un Cristo Crucificado y la imagen de la Virgen de Guadalupe, al pie de la cruz. Del ábside sale una gran cruz de veinticinco metros, de una sola pieza, que permite identificar la capilla desde la distancia. Es el icono vertical de este espacio de contacto espiritual.
Las transiciones están claramente marcadas en la definición del atrio con los elementos sueltos que lo conforman y los accesos a la nave por las puertas con una menor escala que marcan el cambio entre espacio exterior e interior. La luz se recibe por las grandes aperturas en la parte del frente y en la parte superior a través de louvers de cristal que nos permiten las vistas, el paso de la luz y la protección de la asamblea ante el intemperismo. Por último, Mario Peniche nos explica que, la forma de la cubierta rememora a las primeras comunidades cristianas, hacinadas en una carpa que abriga y protege, como el “Manto de la Virgen” que nos cubre con suavidad y ternura y como una expresión de búsqueda de Dios, de trascendencia, de buscar en lo alto.
Todos estos elementos, signos importantes de la Fe, se expresan en una conjunción arquitectónica que permitió resolver forma, función y estructura, fundamentos básicos de la arquitectura en una sola lectura, lo que está, es lo que es. Los elementos estructurales, definen la forma y resuelven la función. Cubren un espacio que permite disfrutar el exterior, el cielo azul de Yucatán, las estrellas, y captar el aire fresco del norte. Es un lugar de oración, es un lugar de encuentro con Dios y un lugar de celebración.

  DATOS DE INTERÉS

Nombre: Capilla Seminario Menor “San Felipe de Jesús”.
Proyecto Arquitectónico: Arquitecto Mario A. Peniche López.
Realización: 2006-2007.
Ubicación: Anillo Periférico Norte Km. 24, entre Carretera a Conkal y Chichí Súarez, Mérida, Yucatán, México.
Superficie: 784 m2.
Proyecto estructural: Ing. Enrique Escalante Galaz y Arq. Mario A. Peniche López.
Supervisión general: Ing. Próspero Abad Matú Sulú.
Coordinación de Obra: Arq. Mario A. Peniche López.
Sistema Prefabricado: PREDECON, SA de CV.
Diseño de iluminación: Arq. Mario A. Peniche López.
Cancelería: Espejos Millet, SA de CV.
Mobiliario: Marbol del Sureste, SA de CV.
Fotografía: Roberto Cárdenas Cabello
Datos Generales
Peniche López, Arquitecto y Asociados
Arq. Mario A. Peniche López
Calle 19 No. 99 x 20 Col. México
C.P. 97128 Mérida, Yucatán México.
Tel. (999) 944-63-47
Fax (999) 944-64-36
Correo electrónico: penichelopez@yahoo.com.mx

La presencia del concreto

Al considerar un proyecto de mayor tamaño se pensó en varias opciones para la estructura. Por una parte, en una estructura metálica, misma que se rechazó por su mantenimiento, apariencia y ruido cuando llueve. Entonces se analizaron las opciones en concreto y la forma de la cubierta, una catenaria ascendente que limitaba el uso de piezas prefabricadas como la doble T dado que no podía mantenerse la “suavidad” de la curva por las secciones rectas. Fue así como se decidió hacer pequeñas losas precoladas que permitieran el trazo sutil de la curva; éstas, a su vez, descansan en trabes que forman una especie de esqueleto visible,
lo que le da a la parte interior un aspecto sumamente interesante. Además, las trabes descansan en una serie de cartelas que favorecen el mantener la relación visual con el exterior y le dan un aspecto formal mucho más interesante. Adicionalmente con el uso del concreto se contempla un ahorro importante al prescindir en recubrimientos y posterior mantenimiento, ya que las estructuras en concreto son absolutamente aparentes. Con este proyecto que comenzó a construirse en marzo de 2005 y terminó en enero de 2007, el arquitecto Mario Peniche fue seleccionado para representar a México en su categoría en la sección internacional del Premio Obras CEMEX; además, obtuvo en el mismo año el primer sitio en la categoría Cultura de la Bienal de Arquitectura de Yucatán, que organiza el Colegio Yucateco de Arquitectos. Los premios recibidos en 2007 se suman a los obtenidos en 2002, en la categoría Industria, con el proyecto Empacadora Dorantes, y en 2004, en Vivienda Multifamiliar, con Casas Montes de Amé.

A pesar de lo que esto amerita, con sencillez y una profunda comunión con sus creencias, Mario Peniche dice: “Creo que estos proyectos tienen un impacto en la sociedad muy importante. Es una obra que se le entrega a una comunidad y trasciende en el tiempo; tiene un impacto social, espiritual y una forma de presencia contemporánea en la Iglesia particular de Yucatán. Para mí es un gran honor haber tenido la maravillosa oportunidad de diseñar la Casa de Jesús, un espacio de hoy, donde podemos encontrarnos con nuestra fe. Creo que poner nuestras capacidades al servicio de nuestra iglesia es lo mejor que nos puede pasar.”