El concreto
surrealista

Texto: Gregorio B. Mendoza
Fotografías: Cortesía CONAGUA y GDF

Hay quienes aseguraron durante
la segunda Guerra Mundial
que eran las antenas transmisoras
del enemigo nipón, algunos afirman
a la distancia que son torres de luz, mientras otros aseguran que son un verdadero
poema escultórico y
por ello el último recurso por conservar
un arraigo artístico en la
ciudad de Los Ángeles

 

Cierto o no, las llamadas Watts Towers son un magnifico resumen del ideal de Sabato Rodia, inmigrante italiano empleado de la construcción que adoptara como nombre Simón para hacer realidad la oportunidad que pidió de hacer algo grande, y lo hizo heredando un verdadero icono a la ciudad que en su momento lo juzgó injustamente


 

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Estructuras unidas
En 1921, Rodia compró una casa y el terreno adjunto que describía una forma triangular cercano ya a las vías del tren. Tuvieron que pasar poco más de tres décadas de espacios colmados de ocio para que en 1954 el conjunto escultórico originalmente llamado “Nuestro Pueblo”, en Watts, en Los Ángeles, California estuviera totalmente terminado. Se trataba de un grupo de 17 esculturas unidas no sólo por su lenguaje popular y su influencia inminente del art brut, sino por la fusión de carácter industrial del acero, la cotidianeidad de la vida con objetos singulares y la fuerza expresiva de un ideal a través del concreto.

En este icono es evidente notar que cada pieza bien podría considerarse un agregado o un simple ornamento. Pero resulta sorprendente que sean estos objetos sean los que le den un sentido peculiar, al capturar el tiempo dentro de los cuerpos grises de cemento que adquieren color y vida al desplazar la mirada sobre el pequeño predio en el que emergen. De esta forma en cada uno de los detalles y elementos arquitectónicos es el concreto como materia prima, el que describe la historia no sólo de un hombre que agradeció las bondades de un país y su momento histórico, sino que plasmó involuntariamente un autorretrato integral basado en sueños, realidades, ideales y fantasías.

Concreto poético
Los cuerpos principales fueron realizados en concreto y acero, así como con una argamasa colmada de incrustaciones integradas por botellas, cristales rotos, fragmentos de cerámica, conchas de mar, cables y toda clase de materiales de desecho. Dos de las tres principales torres alcanzan casi 30 metros y contienen las columnas más largas de concreto reforzado del mundo, las cuales además de su excéntrica figura sorprenden a nivel constructivo por la estilización de los segmentos principales –en sentido vertical– que contienen los refuerzos internos de acero sujetos con alambre y envueltos con malla de acero.

Parecería una solución diseñada y planeado por el mejor ingeniero estructural de ese tiempo, pero no lo es. Rodia trabajó como minero y albañil en Pensilvania; sin embargo, su creación cuenta con los mejores avales de seguridad del estado a más de cinco décadas de haberlas construido. Lejos de su aspecto endeble y la iniciativa de demolerlas en 1956 cuando la casa del autor sufriera un grave incendio que obligó la demolición de su vivienda los vecinos solicitaron que el Department of Building and Safety de Los Ángeles, hiciera una revisión estructural para valorar el estado de la obra para motivar su demolición o en su defecto la conservación y mantenimiento.

La sorpresa y el veredicto fue contundente: resultaron seguras y sin daños severos. Y así, tres años más tarde se conformó la iniciativa de un grupo pequeño de vecinos que lograron hacerse de recursos económicos para garantizar su preservación y fungir como el comité de las Torres de Watts. Así, tal y como lo platican las autoridades a cargo del The Watts Towers Arts Center, “todo fue construido con la audacia de un hombre idealista que sin necesidad de andamios, equipos especiales, cimbras o dibujo alguno; trabajó día a día con las herramientas disponibles asegurándose exclusivamente de su hebilla y cinturón como único equipo de seguridad”. Con ello Rodia construiría entre 1921 y 1954, las tres torres principales (30, 29.5 y 16.76 m), un patio, una glorieta circular que contenía una banca de trabajo, tres bañeras para pájaros, y las características espigas verticales que sobresalen en el conjunto, y una estructura que él llamó el "buque de Marco Polo", que tiene una singular aguja de 10 metros de alto.

Un logro inesperado
La obra que Rodia dejó como legado se encuentra hoy a final de una etapa de mantenimiento menor que fue terminada en abril. Seguirá recibiendo visitantes de todo el mundo; estará alentando a niños y jóvenes a través de su centro artístico a convertir en realidad sus fantasías e ideales, pero sobretodo, seguirá siendo motivo de orgullo.

“Estamos felices como residentes de esta ciudad de que un personaje cómo él nos haya heredado esto que desde 1985 está a cargo de las dependencias culturales de la ciudad y que está catalogado como monumento dentro del registro histórico nacional, nuestra labor es respetarlo y darle el justo valor a esta obra”, comentan los cuidadores del tesoro rodiano. c