Con un ejemplo basta
Por Gabriela Célis Navarro

Conocido como
“El mago de los
cascarones de concreto”
Félix Candela cumple
este año una década
de haber fallecido.

    

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Hoy, su obra es de tal relevancia a nivel internacional que maestros de la arquitectura e ingeniería como Santiago Calatrava, le rinden homenaje a través de sus propios proyectos (Baste ver L’Hemisferic, de Valencia, España, donde Calatrava grita su admiración hacia Candela). Para hacer referencia a Candela, muchas obras podríamos tomar como ejemplo; sin embargo, en este breve espacio recordemos al maestro valenciano con una de sus grandes joyas: la Capilla de Palmira, en Cuernavaca, la cual realizó junto con los arquitectos Guillermo Rossell de la Lama y Manuel Larrosa. En la actualidad esta obra, terminada en 1959, se muestra igual de soberbia, vigente y fresca; como se dice, pareciera que por ella no pasan los años.
Al ver de lejos la capilla, uno pareciera que observa una enorme hoja de laurel en concreto que hubiera sido desprendida de su tronco y dejada por el viento en lo alto de la colina del fraccionamiento que la alberga (Lomas de Cuernavaca). Como se señala en el libro Praxis “La cubierta se hizo con una bóveda paraboloide hiperbólica en una audaz concepción de manto que cae sobre la espalda humana, sin muro que lo sostenga, con sólo trabes de tensión para impedir que la concavidad se abra”. Se lee también que, en sus orígenes, en la cúspide de la bóveda iba a ser colocada una pequeña imagen de la Virgen María, hecho que no se concretó. Tres fueron los factores que provocaron la creación de un templo como éste: por un lado, los cambios en la liturgia desarrollados a partir del Concilio Vaticano II que lograron la creación de una arquitectura más espontánea; por otro, Candela se encontraba en auge con su empresa especializada en cascarones “Cubiertas Ala” y, finalmente, el desarrollador de Lomas de Cuernavaca estaba en plena bonanza económica. Cabe decir que esta capilla fue, en su momento la estructura en forma de paraboloide hiperbólico y borde libre de mayor dimensión que había sido construida.
Según se lee en el texto “Félix Candela y el borde libre, el caso de la Capilla de Palmira en Cuernavaca”, cuando tuvo lugar el descimbrado hubo un derrumbe en la parte superior de la boca grande. A unas horas del siniestro —que afortunadamente no pasó a mayores— el propio Candela diría que sus obras las cobraba al doble “pues algunas veces se caen y hay que rehacerlas”. Y se rehizo y ahí está: orgullosa y bella.