Entrevista con Abraham Zabludovsky

Exponente destacado de la arquitectura mexicana de nuestros días, Abraham Zabludovsky ha sabido aprovechar en su trabajo las nuevas técnicas y materiales. Pero también ha gustado de la búsqueda y la experimentación, y esto le ha permitido hacer sus propias aportaciones, como ha ocurrido en el caso del concreto. Aquí presentamos lo que dijo en entrevista acerca de los orígenes de su vocación, de su trayectoria y de sus obras preferidas, además de algunas reflexiones que hizo sobre el quehacer arquitectónico.















 

Adriana Reyes

Abraham Zabludovsky es considerado uno de los arquitectos mexicanos más importantes.

En su obra ha incorporado las innovaciones técnicas de nuestro tiempo, aprovechando al máximo los sistemas de construcción y los materiales disponibles.

Zabludovsky se ha caracterizado por la continua experimentación y búsqueda de formas depuradas y materiales perdurables que requieran un mínimo de mantenimiento.

Estas inquietudes han dado origen al sello de su arquitectura, que responde a la idea de que el edificio debe ser perdurable, porque la obra arquitectónica no acaba cuando termina de construirse: continúa presente en el tiempo.

El origen, los recuerdos

Al preguntársele cómo surgió su inquietud por la arquitectura, la respuesta se remonta al lugar donde vivió desde su niñez hasta los años de formación universitaria: la zona de la Merced, en el Centro Histórico de la ciudad de México: "Me impresionaban mucho los grandes cines que se construían en la ciudad de México, algunos gigantescos -dice, y agrega:-, tengo muy clara la memoria de varias de estas construcciones.

Entre otros ejemplos, recuerdo el cine Cairo, que fue demolido para ampliar la Avenida Pino Suárez.
En su interior se reproducía la arquitectura bizantina y árabe, pero, por supuesto, todos sus elementos decorativos estaban realizados con yeso pintado.
Recuerdo también el cine Coloso, en lo que es actualmente la calle de Lázaro Cárdenas.

El cine Colonial, del cual permanece una parte en ruinas en la Avenida Fray Servando Teresa de Mier, enfrente de lo que era el mercado de San Lucas.

Nosotros vivíamos cerca de ahí y yo iba muy seguido durante la construcción.
El Colonial pretendía ser una reproducción de pueblos coloniales y era en verdad muy sugestivo.
Otro cine de las mismas características que me produjo una impresión muy fuerte fue el Alameda en la Avenida Juárez; tenía como particularidad su techo pintado de azul, en el que se proyectaban estrellas y nubes que parecían desplazarse; para mí la impresión era increíble."
De adolescente, tenía una fuerte comunicación con el portero de la vecindad donde vivía, quien era maestro de obras y, de alguna manera, lo introdujo en el mundo de la construcción:
"Curiosamente, este señor me llevaba a ver sus trabajos, que realizaba para unos jóvenes arquitectos muy activos: Juan Sordo Madaleno, Augusto H. Álvarez, Carlos Reygadas y otros de esa generación.
Tal vez de ahí me nació la inclinación, el gusto por ver cómo se manejaban los materiales, el tabique, el concreto, que después se convertían en espacios habitables.
"Otro de los motivos que seguramente influyeron en mi decisión fue el pensar que podría trabajar inmediatamente en un taller o en una obra y adquirir un ingreso que, además de ayudar a mi sostenimiento, apoyaría a mis padres, ya que siempre estuvimos limitados económicamente.

Fueron éste y otros los factores que, seguramente, despertaron mi inclinación por la arquitectura, aunque entonces no entendía claramente su alcance."

Los caminos hacia la arquitectura

El camino de Zabludovsky en la arquitectura nunca fue lineal, según él mismo señala.

Fue dibujante, ayudante de arquitecto, constructor, promotor y empresario, y cuando logró cierta autonomía económica, con ésta llegó la autonomía creadora, pues entonces se pudo dedicar de tiempo completo a la arquitectura.
A lo largo de su vida profesional se detectan ciertos elementos que siempre han permanecido como una nota característica de sus obras, las cuales, en general, no necesitan conservación.
Él piensa que, a medida que el usuario es de menores recursos económicos, hay que utilizar materiales que no requieran conservación ni generen un gasto constante para mantenerse en buenas condiciones.

A partir de esta inquietud, le empezó a surgir la costumbre de usar diferentes tipos de tabiques, piedras naturales y artificiales, metales de colores permanentes, y luego el material extraordinario de nuestra época, que es el concreto, y usarlo en todas sus formas: primero, con la apariencia directa que da el colado, y luego, con un agregado.

El concreto con agregados -particularmente el mármol, que después de colado se pica y produce una serie de reflejos característicos- ha marcado en sus obras una técnica y un estilo.

La técnica: criterios y alcances


¿Cómo han caminado Abraham Zabludovsky y la técnica?
Esta pregunta dio pie a una explicación sobre el particular, y también a una referencia del arquitecto sobre cierto tipo de obras:

"La técnica que he usado ha sido siempre la de nuestro tiempo, en la mejor forma posible para cada caso o programa en particular, y las variantes han dependido precisamente del programa y el edificio de que se tratara.

Cuando estamos diseñando vivienda popular, la técnica adecuada no proviene solamente de la búsqueda de la durabilidad, sino también del costo óptimo; no se pueden utilizar técnicas sofisticadas que se disparan económicamente, pues la inversión en vivienda debe recuperarse siempre para que no se suspenda el ritmo de las inversiones."

Comenta que hay obras que algunos sectores critican, como es el caso de museos, universidades, auditorios, etc.

Sin embargo, explica, es necesario tomar en cuenta que la recuperación debe considerarse en estos casos de otra manera, pues se da a través de la educación y la cultura que brindan a sus usuarios, y además, estas obras están destinadas a perdurar muchos años (50 o 60).

Entre otros edificios de este tipo, el arquitecto menciona el acierto de haber construido el Museo Tamayo y el Auditorio Nacional -junto con Teodoro González de León-, que han justificado con creces su inversión y su permanencia:

"Su recuperación no va a ser como la de un cine de barrio; se toman en cuenta elementos de juicio que justifican la inversión, la técnica y la permanencia en el tiempo".

Zabludovsky esboza una sonrisa al decir: "Hay muchas obras que no me gustaría que perduraran; ¿cuáles?, mejor no se lo digo, pero hay calles por las que no paso…"

Aún con la sonrisa, explica el porqué:

"Fueron planeadas con la mejor intención, pensando que iban a tener éxito, pero, desde varios puntos de vista, los resultados no correspondieron con lo que uno imaginó en el diseño.
Tenemos que estar muy conscientes: hay muchos modos de estudiar y diseñar la arquitectura, y muchos enfoques para ir acercándose a la realidad.

La técnica moderna nos ha permitido más acercamientos; ahora tenemos, además de los dibujos, las perspectivas, las maquetas, todos los sistemas de computación y de datos que desde el punto de vista representativo nos pueden ir acercando cada vez más a la realidad de la obra, pero hay algo que todavía no se puede lograr, que es la escala y el hombre caminando dentro del espacio:
esos son dos factores que a veces le dan al arquitecto grandes sorpresas.

No es igual una representación, que ver o sentir los espacios reales, o caminar en diferentes estaciones del año y horas del día".

Zabludovsky y su obra

De casas habitación a edificios de departamentos, de centros culturales a obras monumentales como el Auditorio de Guanajuato o el Centro de Convenciones Poliforum Mesoamericano en Tuxtla Gutiérrez, o el Parador de Chichén Itzá, o la Biblioteca México en la Ciudadela, Zabludovsky ha dejado su huella arquitectónica en la última mitad del siglo XX.

A él le resulta difícil señalar sus trabajos preferidos, "pero si me preguntaran, diría yo que son el Museo Rufino Tamayo, la serie de teatros que hicimos en la zona del Bajío -que marcan una época muy especial- y la unidad habitacional La Cantera".

Actualmente está desarrollando un centro de convenciones y un teatro en Veracruz, además de un centro comercial y de oficinas en un barrio de Madrid.

Del Museo Rufino Tamayo recuerda, mirando la pintura que hizo su hijo Moisés y que se halla en el interior de su sala de juntas, los trabajos y los esfuerzos previos a la construcción que están plasmados en el cuadro: la fase del intercambio de ideas con el arquitecto Teodoro González de León.

Relata al respecto: "Mi hijo plasmó una escena de los meses que pasamos diseñando el museo; tomó la expresión de González de León y la mía: uno defendiendo su posición y el otro tratando de rebatirla, una dialéctica constante de aceptación y negación hasta que los criterios se unifican y surge el proyecto.
Como una anécdota interesante, y por tratarse de una obra para un hombre tan respetado y querido por mí, el maestro Rufino Tamayo, quiero decirle que para la aprobación final de la construcción se tardaron de 8 a 10 años".
"Quiero volver a recordar la unidad habitacional La Cantera, que está atrás de Ciudad Universitaria. Son 430 departamentos que surgen en un foso de 7 m de profundidad que quedó de una antigua explotación del Pedregal de San Ángel.
Tiene departamentos de 50 metros cuadrados, cuyos moradores se sienten orgullosos de vivir en esa unidad y han formado una comunidad que mantiene en óptimas condiciones el conjunto".
Reafirma que siempre ha sido su inquietud la vivienda de interés social. Respecto a los teatros en la zona del Bajío, Aguascalientes, Dolores Hidalgo, Celaya, dice:
"El primero se ha convertido en un símbolo de la ciudad, y con mucho orgullo así lo manifiestan sus habitantes".
Quienes han estudiado la obra de Abraham Zabludovsky han dicho que tiene un lenguaje arquitectónico propio, en el que destacan la revalorización del muro, el uso del concreto expuesto con agregados, del tabique aparente, etcétera.
Este lenguaje es el resultado de su experiencia, y, por qué no, de la trayectoria múltiple que ha recorrido el arquitecto.
"Con la experiencia adquirida al ser promotor y contratista, tuve que tener en cuenta siempre elementos determinantes como son el económico y el plástico.
Un muro es más barato que hacer una ventana, y tiene la posibilidad de usarse como un elemento de carga, que de otro modo se tiene que sustituir por trabes", señala.

"Con el tiempo, aprendí a valorizar y utilizar la fuerza plástica que se puede obtener del muro; algunos dicen que es una influencia de los muros conventuales del siglo XVI; puede ser que sí o que no, nunca me he preocupado por analizar las influencias del pasado.

Tal vez haya quien pueda encontrar en el Museo Tamayo, por su escalonamiento, afinidades con las construcciones piramidales de la cultura mexicana; puede ser que sí, pero también existen pirámides en Egipto.

La idea de escalonar el edificio tuvo por origen la intención de que no representara un objeto impositivo en el bosque de Chapultepec, sino un elemento que aligerara su masa precisamente por el escalonamiento".

Zabludovsky refiere que, a medida que fue trabajando con el concreto, se fue dando cuenta de que este material es muy difícil de usar en su forma normal para terminado aparente, porque si la cimbra no es perfecta, los acabados no serán óptimos.

Este trabajo es muy lento y debe hacerse con mano de obra calificada; además, el color que resulta es un gris muy especial y triste. Con esta inquietud, se dedicó a hacer una serie de ensayos cambiando el componente básico y agregando otros elementos.
Lo que utilizó primero fueron las piedras parecidas al mármol, que no le dieron resultado, por lo que recurrió al mármol blanco.
"Éste no se nota en la revoltura, pero sí al picarlo. Se rompe como las piedras preciosas, dando destellos brillantes que quitan lo gris del cemento y, lo que es más importante, la mano de obra no tiene que ser tan especializada.
Permite colar enormes superficies de concreto en poco tiempo y, además, las imperfecciones propias del colado al cincelarse separan los defectos y se vuelven como una piel que envuelve al edificio.

Estos resultados nos inclinaron a hacer obras
como el edificio del Infonavit o el Teatro de Aguascalientes (en 10 meses), y promover el sistema como propio en otros países.

La perdurabilidad de los materiales, taludes y muros para confinar espacios se ha vuelto peculiar en la obra de Zabludovsky, que ya es conocida por estas características en nuestro país y reconocida en el mundo.


Instituto Mexicano del Cemento y del Concreto, A.C.
Revista Construcción y Tecnología

Enero 2001
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